4 de febrero de 2012

AZUL COBALTO

«Haz de tu sonrisa un paraguas y deja que llueva»
Twin Peaks (David Lynch, 1990)


Nunca entendí por qué nos fue mal, al fin y al cabo tampoco éramos tan diferentes. Me refiero al hecho de odiarnos de esa manera, ¿por qué? Es algo que en aquel tiempo yo no me planteaba pero que ahora, no dejo de remover, en círculos, como el café.
Es cierto que él era un borracho y que yo fui muy puta. Vale, lo admito, quizá más de la cuenta. Pero en el fondo, aquello era un juego, un tira y afloja constante. Quizá el problema fue que ninguno llegó a aflojar, ambos tiramos y la cuerda rompió definitivamente. Maldito egocentrismo, siempre me lo he repetido: querida, piensa un poco más en los demás. Pero bueno, ya está hecho, no voy a considerarme culpable y mucho menos, víctima.
Puede que yo no fuera perfecta pero él también tenía malas pulgas. Hasta los muelles del sofá se lo siguen recriminando algunas veces. Tenía todos los defectos del mundo pero... en el fondo no sé.
Su mirada. La forma en que sostenía los pitillos antes de ponérselos en los labios, esa corbata azul cobalto que todavía cuelga en mi armario. Y el vinilo de Presley que me regaló la noche que nos conocimos, aunque ahora ya no funciona.
Él era un hombre tranquilo y quizá hubiera sido bueno de haberle quitado las botellas a tiempo. Mala suerte haberse topado conmigo. Si es que la mala suerte existe.