15 de mayo de 2015

MIS OJOS SON UNA CÁMARA

Cuando me despierto tengo a Kaz sentado en la cama, con las piernas encogidas, liándose un porro. En seguida llama mi atención porque Kaz es el único que sabe conseguir marihuana, los demás son unos tontoslapolla que creen que cualquier césped un poco chamuscado pasa por buena mierda. Le pregunto a Kaz y él me lo confirma y siento que ya estoy despierta del todo, tengo un arranque de lucidez y necesito volver al mundo real. Me duelen un poco las piernas y no sé cuánto tiempo llevo tumbada, me levanto, voy a mear, desde el váter veo el enredo de brazos y piernas y pelo y piel que son Carolina y Mel, que se han quedado dormidas desnudas en el suelo. Tiro de la cadena y no funciona y voy al salón y vacío el jarrón de flores para llenarlo de agua y echarla por el retrete. Me siento satisfecha y me rasco un poco las costras de la herida que parece que se está infectando pero no pasa nada. Se curará, ahora necesito comer y beber. En el frigorífico no hay nada aprovechable, sólo tenemos un paquete de nuggets de pollo que lleva dos años y medio en el congelador. Kaz viene a la cocina, me pone las manos en la cintura y me enseña lo que tiene: me ha traído una botella de Johnnie Walker, etiqueta negra de 12 años. Wow. Kaz sonríe con una de esas sonrisas que sólo traen problemas pero lo dejo estar porque quiero probarlo.
Estamos fumando en el balcón con las piernas colgando por fuera de la barandilla, yo tengo mi botella en las manos y él está distraído. Le pregunto en qué piensa. Me dice que está componiendo una canción de amor para Charles Fourier, la letra dice: si vous m'aviez rencontré dans le monde / vous n'auriez pas mort seul. Pero Kaz no es un romántico, simplemente le petaría el culo a cualquier tipo inteligentísimo, no puede evitarlo. Deja de escribir y toca con la guitarra una versión americanizada y con voz quejumbrosa del Angie de los Rolling que me pone los pelos de punta. Corre una brisa caliente y húmeda, noto en la piel la luz de la tarde, todo está en silencio sin estar realmente en silencio: creo que voy a explotar.
Me siento intranquila y le digo a Kaz: ¿dónde está la gente intranquila? Y él me dice que pienso demasiado. Y me doy cuenta de que es verdad, que pienso demasiado, que mi mente es una cámara, que mis ojos son una cámara. Estoy tan pendiente de lo que sucede dentro de mí que no estoy fuera viviendo lo que sucede en esta sociedad infinita, que puede ser una mierda, que puede ser hermosa, que puede ser extravagante.
Le miro y él me mira y de repente ya no está. Me pongo a gritar. No tengo ninguna botella de Johnnie Walker etiqueta negra de 12 años en las manos. Pienso que es la marihuana y me doy cuenta de que no me he fumado un peta en la vida. No conozco a ningún Kaz, ni Carolina, ni Mel. No estoy en el balcón; estoy en una cama, en una habitación con muebles de madera contrachapada de los años sesenta que me recuerdan que mi existencia es igual de insulsa que los dueños de este piso alquilado. Me moriré sin aprender a hablar francés, tocar la guitarra, sin pasearme desnuda en un zulo orgiástico con mis amigos decadentes pero leales. Estoy en silencio, no he abierto la boca, la costra de mi herida se desprende y mancho sin darme cuenta las sábanas con unas pocas gotas de sangre. Me lo repito una y otra vez: ¿dónde está la gente intranquila?