1 de marzo de 2016

DIARIO III

Se parece al grito de cien ratas histéricas corriendo unas encima de las otras. Un atasco en hora punta en el centro de la ciudad que inmoviliza el tráfico y te hace perder un vuelo por el que has pagado mil pavos. El incendio de treinta hectáreas alrededor de tus pulmones. Es un puñetazo en el esternón cuando menos te lo esperas, quizá durante la siesta. Un desfile de tambores un lunes por la mañana. La carcajada de alguien que no soportas, en bucle. Es el mundo temblando, gimiendo, quebrándose sin que nadie parezca darse cuenta. Y es el terror que te embarga y parte tu mirada en dos, transformando tu vida mientras los demás van a la suya. Y son esos demás yendo a la suya que de pronto parecen de otro planeta, con un lenguaje y sistema de comunicación distinto que nadie se ha molestado en explicar, compartir. Eres tú: a solas en tu habitación, a solas en un autobús, a solas en una cafetería, incapaz de comprender. Inútil. Indefenso.