28 de junio de 2016

DIARIO VI

I. Claro que no soy la misma que la de la semana pasada. Es que la semana pasada todavía no se había ido todo a la mierda. O quizá sí, un poco, pero no tanto. Estaba aún en proceso. Estaba en este momento en el que algo puede salir mal pero también puede que mejore con los días; puede que, al final de todo, las cosas no sean tan terribles. Ahora han pasado siete días y las cosas sí son tan terribles, quizá incluso más de lo que cabría imaginar. Por eso no soy la misma, porque no estaba jodida, porque no estaba quemada, porque aún no tenía el agua encharcada en los pulmones. Si cada día que pasa deja un arañazo, a la semana eres poco más que un amasijo de piel encarnada. Es de lógica. Pero a ti la lógica te resbala y por eso estoy escribiendo todo esto ahora, porque si no te explico cuánta mierda he soportado en los últimos lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, domingo y lunes, no te enteras. No te enteras y lo que es peor: profieres memeces como que no soy la misma de entonces.

II. Recuerda lo siguiente: la primera causa de muerte en el mundo es la desilusión. En realidad ya estamos viviendo un apocalipsis zombi, lo que ocurre es que no vamos por ahí comiendo cerebros —no literalmente— pero te digo que los muertos en vida ya superan con creces a los vivos. Esos, pobres de ellos, están en peligro de extinción.

III. Tengo un agujero negro en el estómago que está devorando todo y cuando digo todo hablo en sentido literal: ha tragado ya las entrañas, los órganos y varios litros de sangre. Probablemente el agujero negro se expanda, acabe con el pubis, con las tetas, luego con toda la columna vertebral. Se tragará mi rostro, mi cabeza y las puntas de los dedos. Entonces donde una vez estuve yo no quedará nada, ni siquiera el recuerdo en la mente de la gente.