19 de abril de 2017

DIARIO XII

Hay algo en mí que no está bien.
Leo sobre chinches y me pica el cuerpo, las imagino saltando de islote en islote de piel, cabello o mucosa. Rasco aquí y rasco allá, escarbo con las uñas, hasta abrirme un túnel, hasta adentrarme en los órganos y las vísceras. Sigo escarbando el túnel por el que llego a nuevos rincones y salen despedidos, regurgitados: el rencor y los malos pensamientos. Las palabras que quería haber dicho y gritado a la cara de la gente, que quise escupir. Y salen también puñetazos y patadas y sangre ajena, la sangre que quise provocar, ver brotar desde una herida que le doliese a los demás y no a mí, a mi cuerpo pequeñito y entumecido.
Cavo en mi interior con los dedos sucios, me hundo en mí, en lo oculto. Me pican las chinches y me pica la rabia contenida, la impotencia. Todo lo que creía bajo control ahora está expuesto. Hay un agujero tan grande en mi torso que se puede cruzar a la otra parte del planeta a través de él. Visitantes de todas partes del mundo pueden meter los brazos y las piernas por mi agujero y salir en Taiwán o Nueva Zelanda. Y durante el camino, mientras atraviesan el tejido abdominal, el estómago, los riñones y la médula, verán pasar imágenes; lo que nunca quise que nadie viera, lo que no tenía que haber vivido. Pero he escarbado en mi interior con tanta ansia, sin mesura, ya no hay vuelta atrás. No hay sutura que detenga este torrente de recuerdos. La lluvia copiosa de septiembre mientras dormía en la calle mirando hacia arriba, hacia una ventana. Un codo en el ojo y el cardenal posterior en tonos azules y amarillos y naranjas y berenjena. La bilis contaminando el esófago, el paladar, quebrando la dentina para siempre, rajándome los labios. Creo que he tenido los dedos sucios toda la vida.
En el otro lado del planeta, en la Costa Marfil o Bahrein, nadie los va a recibir con los brazos extendidos y vítores y preguntas sobre la experiencia. A los visitantes que atraviesen la excavación abierta en mi cuerpo impúdico, nadie va a quererlos jamás. Porque habrán salido de mí. Nada que salga de mí puede estar bien.